Antes de escribirle a un psicólogo casi todo el mundo se hace las mismas preguntas: ¿qué me va a preguntar?, ¿tengo que contarlo todo desde el principio?, ¿y si me quedo en blanco?, ¿saldré con algo concreto o solo habré hablado una hora? Es normal. Nadie te explica cómo funciona algo tan importante antes de meterte en ello.
Así que aquí te cuento, con detalle y sin misterio, cómo es exactamente tu primera sesión conmigo: qué pasa en cada tramo, qué te voy a preguntar, qué te voy a explicar, y qué recibes al día siguiente. Cuando termines de leer vas a saber a qué atenerte, y eso ya baja bastante la ansiedad de dar el primer paso.
Lo primero: no vienes a rendir un examen
«Vine con miedo de no saber explicarme. A los diez minutos me di cuenta de que solo tenía que hablar y tú ibas ordenando.»
No necesitas preparar nada, ni traer tu historia ordenada, ni saber ponerle nombre a lo que te pasa. Ese es mi trabajo. Tú solo necesitas venir y contar lo que puedas, en el orden que salga. Si te quedas en blanco, pregunto. Si te emocionas, paramos. No hay forma de hacerlo mal.
Trabajo desde el análisis conductual y las terapias contextuales, en especial la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). En la práctica eso significa algo muy concreto: no me interesa etiquetarte, me interesa entender para qué funciona lo que haces. Qué lo dispara, qué consigues con ello y por qué se mantiene. Esa mirada cambia por completo la conversación.

La sesión tiene dos partes
Dura aproximadamente una hora, dividida en dos partes: una de unos cuarenta minutos y otra de unos veinte. En la primera hablas tú. En la segunda hablo yo. Y esa segunda parte es la que casi ningún proceso ofrece en la sesión inicial.
Primera parte: te escucho (unos 40 minutos)
Recorremos tres puntos, en este orden.
1. Tu contexto: quién eres, más allá del problema
Empezamos por lo que casi nunca se pregunta en una consulta: por ti. Qué te gusta hacer, cómo es tu día, con quién vives, a qué te dedicas, qué actividades disfrutas, qué sueñas o qué te gustaría que pasara en tu vida. Cómo son tus vínculos, tu familia, tu rutina.
Esto no es relleno ni charla para romper el hielo. Tiene una razón técnica: una conducta solo se entiende dentro del contexto en que ocurre. La misma ansiedad significa cosas distintas en una persona que vive sola y trabaja doce horas que en otra rodeada de gente y sin rumbo claro. Sin contexto no hay análisis funcional posible, solo etiquetas.
Y tiene otro efecto que a mí me importa mucho: sales de esa parte sintiendo que te escuché a ti como persona, no a tu diagnóstico.
2. El problema: qué te está doliendo
Aquí sí vamos a lo que te trajo. Qué dificultades sientes, desde cuándo, en qué momentos aparece, cómo te afecta en el día a día, qué has intentado hacer al respecto y qué pasó cuando lo intentaste.
Voy a preguntarte por detalles que quizá te sorprendan: qué ocurre justo antes de que aparezca el malestar, qué haces cuando llega, qué consigues con eso a corto plazo. No es curiosidad. Es la información que necesito para entender el mecanismo que lo sostiene.
3. Tus objetivos: hacia dónde quieres ir
Cierro la primera parte con una pregunta clave: qué te gustaría que cambiara. Cómo sería tu vida si esto estuviera resuelto, qué harías distinto, qué recuperarías. En ACT esto es fundamental, porque la terapia no apunta solo a que dejes de sentir algo, sino a que puedas construir la vida que valoras.
Segunda parte: te explico (los últimos 20 minutos)
Aquí cambia el rol. Te devuelvo lo que entendí, ordenado y en lenguaje claro. Tres puntos, también.
1. Por qué te está pasando: la explicación conductual
Esta es, para la mayoría, la parte más reveladora. Te explico desde el modelo cognitivo-conductual y, en concreto, desde el análisis funcional de la conducta, qué está manteniendo tu problema. No en abstracto: con tus propios ejemplos, los que acabas de contarme.
Solemos encontrar dos mecanismos que aparecen una y otra vez:
La evitación experiencial. Todo lo que haces para no sentir lo que sientes: evitar situaciones, distraerte, posponer, controlar, anticipar. Funciona a corto plazo —por eso lo repites— y a la vez agranda el problema a largo plazo. Es el patrón más frecuente en ansiedad, y está bien documentado (Hayes et al., 1996).
Las conductas de control. Los intentos de controlar pensamientos, emociones o situaciones: revisar, comprobar, pedir seguridad, planificar de más, buscar certeza. Cada una calma unos minutos y refuerza el circuito. Aquí es donde la gente suele decir: «entonces lo que hacía para estar mejor era lo que me tenía atrapado». Exacto.
Cuando ves tu problema dibujado así —antecedente, conducta, consecuencia— deja de ser algo que te pasa por dentro sin explicación y se convierte en algo que tiene lógica. Y lo que tiene lógica se puede cambiar.
2. Diagnóstico presuntivo y diagnóstico diferencial
Te digo con claridad qué creo que está ocurriendo, en términos clínicos. Es un diagnóstico presuntivo: una hipótesis fundamentada con la información de esta sesión, no una etiqueta definitiva. Se confirma, se ajusta o se descarta con el tiempo, y te explico por qué.
Y hago diagnóstico diferencial, que es igual de importante: te explico qué otros cuadros podrían parecerse y por qué considero que lo tuyo se ajusta más a uno que a otro. Por ejemplo, la falta de concentración puede ser TDAH, pero también ansiedad, mal sueño o un cuadro depresivo. Distinguirlo cambia todo el abordaje.
Te digo esto porque merece decirse: mucha gente llega con una etiqueta que se puso a sí misma leyendo internet, y buena parte del alivio viene de escuchar por fin un criterio profesional sobre su caso concreto.
3. Recomendaciones para tu caso
Cerramos con lo práctico: qué te recomiendo hacer desde ahora. No son consejos genéricos, son indicaciones ajustadas a lo que acabamos de analizar. Puede ser dejar de hacer algo que está alimentando el problema, empezar una pauta concreta, una derivación si hace falta, o el plan de trabajo terapéutico que propongo y por qué.
Sales de la sesión sabiendo qué hacer al día siguiente. Eso, para mí, es el mínimo aceptable de una primera consulta.
Un orden que te guía… pero no una camisa de fuerza
Todo esto que te conté tiene un orden, y el orden tiene un propósito: que te sientas guiado, que nunca tengas que adivinar qué toca, y que salgas con las ideas más organizadas de lo que llegaron. Pero te confieso algo: la estructura está al servicio de la conversación, no al revés.
Si a mitad de tu contexto te acuerdas de algo del problema, lo seguimos. Si quieres empezar por el final, empezamos por el final. Si tu historia no cabe en tres puntos ordenados —spoiler: casi ninguna cabe—, no pasa absolutamente nada: el mapa lo llevo yo, tú solo maneja. La creatividad es bienvenida; al fin y al cabo, nadie vive su vida en esquema.
Y sí, también hago repreguntas. Esas de «a ver, a ver… ¿cómo así?» que, además de darme justo la información que necesito, suelen sacar más de una sonrisa. Porque esto hay que decirlo: se puede hablar de cosas serias sin que la hora se sienta solemne. Cuando hay confianza —y hasta un poco de humor— la gente cuenta más, cuenta mejor, y la sesión deja de parecer un trámite para parecerse a lo que es: una conversación honesta con alguien que sabe hacia dónde va.

Al día siguiente: tu Reporte Psicológico
Un día después de la sesión te envío un Reporte Psicológico personalizado, elaborado con lo trabajado en tu caso. Su valor de mercado es de S/ 600 a S/ 1 000 y está incluido, sin costo adicional, al tomar tu primera sesión.
No es un resumen de lo que conversamos. Es un documento clínico que contiene:
- El análisis de tu caso a nivel cognitivo-conductual: cuál es el problema, qué conductas lo mantienen, qué función cumplen, y cómo se relacionan con tu contexto. En lenguaje claro, para que lo entiendas tú, no solo un colega.
- El diagnóstico presuntivo con su diferencial y el pronóstico: qué esperar, qué tan tratable es y en qué plazos suelen verse cambios.
- Las recomendaciones y el plan: qué hacer desde ahora, en qué orden, y cuál es la ruta terapéutica sugerida para tu caso.
Así se ve por dentro: la estructura real del reporte
Para que no te quedes con la descripción abstracta, te cuento cómo está organizado este famoso reporte —sí, el que entregamos al día siguiente de tu primera cita—. En el mercado, un documento clínico de este nivel cuesta entre S/ 600 a S/ 1 000. Aquí está incluido con tu primera sesión. Y hay algo más que casi nadie ofrece: también recibes un reporte después de cada sesión siguiente, sin costo alguno, para que tu proceso completo quede documentado.
En resumen, el documento recorre cuatro grandes bloques: quién eres y qué te trae (tus datos, tu contexto y el motivo de consulta con tus propias palabras); qué encontramos (las conductas que mantienen el problema, tus recursos y puntos fuertes, y el análisis funcional con un esquema visual de tu ciclo); qué significa (la impresión clínica con el diagnóstico presuntivo, su diferencial y el pronóstico); y qué hacer (tus objetivos y las recomendaciones en orden de prioridad).
En la versión de pareja, la misma estructura se adapta al vínculo: recoge las dos voces y documenta el patrón que se forma entre ambos, no un culpable.
Para qué te sirve (de verdad)
Este documento cumple varias funciones concretas. Te permite recordar lo trabajado —en sesión se escucha mucho y se retiene menos de lo que uno cree—. Te muestra tus puntos fuertes negro sobre blanco, que es distinto a que te los digan. Refuerza el seguimiento del proceso y te da acceso a la apreciación del terapeuta: cómo veo yo tu caso, sin adornos ni jerga innecesaria. Te deja claro qué se debe trabajar y qué estás haciendo bien. Y hay una función más que valoro especialmente: es tu registro. Comparando los reportes de cada sesión puedes ver tu avance con evidencia, no con sensaciones; y si algún día necesitas continuidad con otro profesional o en otro país, tu proceso está documentado y te pertenece.
Muchas personas me dicen que releen ese documento varias veces. Tiene sentido: en la sesión se escucha mucho y se retiene menos de lo que uno cree. Tenerlo por escrito te permite volver, entenderlo con calma y compartirlo si lo necesitas.
- Sentirte escuchado de verdad, sin prisa y sin juicio.
- Entender qué te pasa y por qué se mantiene —y reconocerte en la explicación—.
- Tener un diagnóstico presuntivo sobre el cual avanzar, en vez de dudas sueltas.
- Saber exactamente qué hacer al salir, con recomendaciones para tu caso.
Detalles prácticos
La sesión puede ser online por videollamada, desde cualquier país y también en inglés, o presencial en Lima. Atiendo de lunes a domingo, incluidos fines de semana, que es cuando muchas personas pueden. Todo lo que se conversa es confidencial.
Para agendar, me escribes por WhatsApp. Te respondo yo, no un bot: resolvemos dudas, tarifas y horarios, y agendamos cuando estés listo. Sin compromiso.
Preguntas frecuentes sobre la primera sesión
¿Cuánto dura la primera sesión?
Aproximadamente una hora: unos 40 minutos en los que hablas tú (contexto, problema y objetivos) y otros 20 en los que te explico el análisis de tu caso, el diagnóstico presuntivo y las recomendaciones.
¿Tengo que contar todo desde el principio?
No. Cuentas lo que puedas y en el orden que salga; yo voy ordenando y preguntando lo que falte. No hace falta preparar nada ni traer la historia armada.
¿Qué es un diagnóstico presuntivo?
Es una hipótesis clínica fundamentada con la información de la primera sesión. No es una etiqueta definitiva: se confirma, ajusta o descarta conforme avanza el proceso, y siempre te explico el razonamiento.
¿El Reporte Psicológico tiene costo?
No. Su valor de mercado es de S/ 600 a S/ 1 000 y está incluido sin costo adicional al tomar tu primera sesión. Lo recibes al día siguiente.
¿La sesión puede ser online?
Sí. Atiendo por videollamada a personas de cualquier país, también en inglés, y de forma presencial en Lima. La estructura y el reporte son los mismos en ambas modalidades.
Hayes, S. C., Wilson, K. G., Gifford, E. V., Follette, V. M., & Strosahl, K. (1996). Experiential avoidance and behavioral disorders. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152–1168.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.
